Ir al contenido principal

La necesidad, El llamado y la amenaza: tres rostros en la iglesia

Reunión tras reunión, podemos observar cómo centenares de personas ingresan a los distintos lugares de culto, comúnmente llamados iglesias. Cada persona representa un mundo completamente distinto. Si pudiéramos escanear sus pensamientos y las motivaciones que los impulsaron a asistir al servicio —comúnmente llamado culto—, sin duda nos llevaríamos inmensas sorpresas. 

Podríamos suponer que todos los asistentes a una reunión religiosa comprenden la naturaleza y el propósito de cada encuentro. No obstante, la experiencia nos ha enseñado que, aunque todos ingresan al mismo auditorio, no todos ven lo mismo, esperan lo mismo ni experimentan lo mismo. Aún: las expectativas pueden variar radicalmente de una persona a otra, esto radica en que cada persona llega con sus propios problemas, dudas, temores, precepciones y creencias. 

En medio de este mar de personas, podemos identificar al menos tres tipos distintos. En esta ocasión, deseo ofrecer una mirada reflexiva a las características de cada uno, analizando cómo perciben y actúan dentro del ámbito eclesial. 

Estos tres tipos de personas les vamos a dar un seudónimo para comprender su naturaleza, ellas son: la oveja, el lobo y el Pastor

La primera actitud es la de las ovejas. En la Biblia, los hijos de Dios son llamados ovejas (Juan 10:27). Existen más de 900 razas de ovejas reconocidas en todo el mundo, aunque no todas se consideran especies distintas. En términos biológicos, todas pertenecen a una sola especie: Ovis aries, la oveja doméstica.

Las ovejas son animales domésticos, conocidos por su timidez y temor. Un ruido inesperado puede hacer que huyan en grupo, siguiendo una misma dirección. También se distinguen por su excelente olfato, capaz de detectar olores a grandes distancias.

Su visión, aunque buena, posee una característica particular: su campo visual es estrecho y frontal, lo que significa que sólo pueden ver correctamente hacia adelante, con limitada visión lateral. Además, tienen un agudo sentido del oído y son muy sensibles con sus orejas, evitando que se las manipule con facilidad. 

Seguramente, la analogía que Jesús hace entre las ovejas y los hijos de Dios tiene relación con sus actitudes. No porque seamos considerados animales —ni más faltaba—, sino porque la oveja necesita ser cuidada, alimentada, guiada y dirigida. A esto se le llama pastoreo

Esta imagen nos lleva a reflexionar que la oveja espiritual está llamada a vivir en total dependencia del Buen Pastor. Justamente reflexionaremos ahora sobre esta noble labor. 

La segunda actitud es la del pastor, en la biblia encontramos tres referencias a quien se les atribuye este título, En primer lugar el salmo 23 lo atribuye a Jehová, en segundo lugar Jesús mismo se atribuye este título (Juan 10:11-16); en tercer lugar el título de pastor es otorgado a los dones hombre entregados a la iglesia, (Efesios 4:11)

 La palabra pastor proviene tanto del hebreo como del griego, Del Hebreo: רֹעֶה (ro‘eh) — “el que apacienta”, “el que alimenta”, usado en el Antiguo Testamento (por ejemplo, en Génesis 4:2 para describir a Abel); Del Griego ποιμήν (poimēn) — “pastor”, “guía”, “cuidador”. (Juan 10; efesios 4)

La analogía que Jesús hace en relación con el pastoreo transmite la imagen de un cuidador: alguien que alimenta, apacienta y guía con ternura y firmeza. El pastor, según el diseño divino, ha sido llamado para ejercer este oficio con aquellas personas que le han sido confiadas, reflejando el carácter del Buen Pastor.

Esta responsabilidad no es meramente funcional, sino profundamente espiritual. El pastor debe recordar las palabras de Jesús: “Pastorea mis ovejas” (Juan 21:15–17), una exhortación que implica amor, compromiso y obediencia.

Es fundamental que los pastores nunca pierdan de vista que el rebaño que cuidan no les pertenece; es propiedad del Señor. Ellos son administradores, no dueños, llamados a servir con humildad y reverencia. Para ampliar este punto te invito a seguir este enlace: https://crckennedy.blogspot.com/2021/09/pastorea-mis-ovejas.html Ahora bien, tanto el Pastor como las ovejas tiene un enemigo en común, El lobo. De esto reflexionaremos ahora. 

En tercer lugar, el lobo; Así como la figura del pastor y la oveja es recurrente en la Escritura, también el lobo aparece en diversos pasajes bíblicos (Génesis 49:27; Jeremías 5:6; Ezequiel 22:27; Sofonías 3:3; Juan 10:12; Mateo 7:15; Mateo 10:16; Lucas 10:3). En cada uno de ellos se nos revela algo de su naturaleza: se le describe como rapaz, destructor, desgarrador de presas, insaciable, dispersador y engañador. No se trata de satanizar al animal en sí —pues es parte de la creación de Dios— sino de utilizar su comportamiento instintivo como una analogía espiritual que nos advierte sobre ciertas actitudes que pueden manifestarse incluso dentro de la iglesia del Señor.

La esencia de esta figura es clara: destruir, dañar y dividir. Jesús mismo nos alertó sobre esta realidad, reconociendo que tales actitudes pueden encarnarse en personas que aparentan ser parte del rebaño, pero cuya intención es otra. Él dijo: “…el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.” (Juan 10:12b). Esta advertencia no solo nos llama a estar vigilantes, sino también a cultivar discernimiento y proteger con amor y firmeza la unidad del cuerpo de Cristo. 

Así como ocurre en un rebaño, también en la iglesia de Cristo se manifiestan ciertas actitudes.

En el mundo animal, la oveja es, sin lugar a dudas, presa del lobo. Este, guiado por su instinto cazador, busca dividir el rebaño y acecha para satisfacer su propio bienestar.

El pastor, en cambio, ha sido puesto para proteger y guardar el rebaño, incluso si ello implica enfrentar al lobo y, de ser necesario, neutralizarlo para preservar la vida de las ovejas.

Estas tres figuras nos dejan una enseñanza muy enriquecedora, debemos conocer y saber cuál es la actitud de cada uno, debemos entender cómo actúa cada parte dentro de la iglesia del Señor, comprendiendo esta verdad podremos escalar un peldaño más en la madurez espiritual. 

La oveja piensa en ser cuidada; el pastor se enfoca en cuidar; el lobo busca destruir.

Los hermanos amados que forman parte de la congregación sin un llamado ministerial suelen pensar y actuar como ovejas: su enfoque natural es mirar hacia adelante, esperando ser alimentados. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo, simplemente refleja su naturaleza espiritual.

El pastor, en cambio, ha recibido de Dios el llamado a velar por el rebaño. Su preocupación no es solo alimentar, sino también proteger, guiar y discernir. Mientras la oveja no posee la capacidad de ver con perspectiva amplia, el pastor sí: su naturaleza le impulsa a atender al conjunto, cuidando cada vida con diligencia y amor.

En contraposición, aparece la figura del lobo. No es simplemente alguien confundido, sino alguien cuya naturaleza espiritual se ha desdibujado. Su enfoque no es edificar, sino dividir; no es sanar, sino herir. Estos “hermanos” —entre comillas— poseen una habilidad sorprendente para criticar sin edificar, desanimar sin consolar, y encontrar problemas donde no los hay. Su presencia no construye, sino que amenaza con desgarrar el tejido de la comunión. Se no esta permitido ser oveja o Pastor, pero que Dios nos guarde de ser el lobo de la congregación


Josué D. Aya

Ps. CRC Kennedy

#ElPasDanny

Gracias por tomarte unos minutos y llegar hasta aquí, si este contenido te ha bendecido deja un comentario y compártelo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Marcado para evitar la muerte, una señal que habla de gracia.

El trasfondo de la ofrenda Los hijos de Adán y Eva presentaron ofrendas a Dios. La de Abel fue aceptada, mientras que la de Caín fue rechazada. La interpretación más extendida es que ambos debían ofrecer un cordero sin defecto, como figura del sacrificio pascual de Cristo. Aunque ellos no comprendían plenamente su significado, sí conocían la instrucción divina. Caín, sin embargo, decidió presentar el fruto de su esfuerzo, ignorando lo que Dios había demandado. El relato dice: “Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante” (v.5). Lleno de ira y amargura, Caín asesinó a su hermano Abel, convirtiéndose en el protagonista del primer homicidio humano. La sangre de Abel clamaba justicia (v.10), y Dios confrontó a Caín en un diálogo cargado de significado teológico. La advertencia divina frente al pecado En los versículos 6 y 7, Dios advierte a Caín: “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a l...

Fracturas ministeriales

Cuando hablamos de fracturas al interior del ministerio pastoral, rápidamente las asociamos a faltas inmorales como la fornicación, el adulterio, y todos los pecados relacionados. Por otro lado, también se asocia al tema financiero, aludiendo a fallas graves en la administración de los recursos, desvío y malversación de fondos, e incluso al mismo hurto.  Resulta inquietante descubrir que la integridad externa no lo es todo; hay líderes con una conducta ministerial y financiera ejemplar que, sin embargo, albergan faltas devastadoras al interior de su hogar.  ¿Qué fisuras son estas que, a pesar de su sutileza, logran herir tan profundamente al cuerpo de Cristo? Antes de profundizar en nuestro asunto, detengámonos a reflexionar: Qué impulsa a un líder religioso a caer en estos abismos, a menudo sin percibir el daño devastador que causa tanto en la intimidad de su hogar como en el seno de su congregación. Las películas Not Okay (2022), Ingrid Goes West (2017) y Nerve (2016) nos si...

EL PACTO DE LAS SOMBRAS

Robert Johnson, conocido como el “Rey del Blues”; Fausto, protagonista de una célebre obra de Goethe; Niccolò Paganini, virtuoso del violín; y Giuseppe Tartini, compositor de la famosa sonata El Trino del Diablo, son solo algunos nombres dentro de una extensa lista de personajes de quienes se dice que vendieron su alma al diablo. En el lenguaje coloquial, la expresión “vender el alma al diablo” se entiende como el acto de ceder los propios derechos y el destino eterno a Satanás, a cambio de beneficios terrenales como fama, poder, riquezas o gloria pasajera. De acuerdo con el análisis de Google Ngram Viewer —una herramienta que permite medir la frecuencia de uso de palabras y frases en millones de libros digitalizados a lo largo de los siglos—, la expresión “vender el alma al diablo” alcanzó su mayor auge en el siglo XX, especialmente hacia el año 2000, aunque su origen histórico es mucho más antiguo. Ahora bien, ¿Qué tan cierto puede llegar a ser que una persona le venda su alm...