Muy posiblemente dos aspectos llevan a vivir las fiestas decembrinas: la excusa y la motivación. La excusa es el nacimiento del Niño Dios; la motivación, satisfacer el hedonismo. Con la excusa, el comercio se preparó para darle paso al consumismo desbordado; diciembre es el mes esperado por un amplio sector para tener su época de repunte económico. El hedonismo o gratificación a corto plazo, juega un papel vital; esta es la motivación que mueve a muchas personas a celebrar la natividad.
Natividad o nacimiento, se supondría que esta época celebra la encarnación del Salvador, pero ¡vaya manera en que el mundo cristiano agasaja este magno evento! De maneras contradictorias, se practica todo lo que el Niño, que por cierto creció aborreciendo y condenando como pecado todos estos tipos de celebración. (Borracheras, desorden sexual, entre otras)
¿Qué interesante sería escuchar la opinión del agasajado? ¿Cómo se siente Él en medio de cada celebración anual? A decir verdad, el mundo espera el nacimiento de la mundanalidad, espera la natividad del egocentrismo, con mucha ansiedad espera la celebración desbordada de la pasión.
Podemos celebrar mil navidades más, pero lo que en realidad Dios espera de nosotros es que la luz de Cristo nazca en nuestras vidas para la salvación. La natividad verdadera debe ser la auténtica comprensión de aquel día en que Cristo me salvó; solo y únicamente en ese momento podré comprender el valor del nacimiento del Niño Dios.
¿Qué natividad celebras tú?
#ElPasDanny
Posdata. Un aplauso para todos aquellos que en esta navidad celebraron la unidad familiar en completa paz, armonía y temor de Dios.
Te leo en los comentarios.
De acuerdo, buena reflexión. Navidad, una oportunidad donde coincidimos con más familia para vivir a Jesús, honrarle, agradecer y reflexionar. Jesús una realidad constante, la verdad eterna que escogemos cada día del año.
ResponderEliminarQue buena reflexión, a veces perdemos el norte y el propósito de el significado de la navidad.
ResponderEliminarNavidad como nacimiento de Jesús en nuestros corazones, sin la desmedida celebración del mundo.