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¡El menciona a Dios! Cuando la emoción domina la razón.

¡El menciona a Dios! - ¡En sus canciones se menciona a Cristo! - ¡Dijo que si cree en Dios! - ¡Al menos va a la iglesia! - ¡Lleva una cruz en el cuello! - ¡En los agradecimientos de su disco siempre nombra a Dios primero! - ¡Se casó por la iglesia! - ¡En su última entrevista dijo: 'Si Dios quiere! - ¡Él mismo aclaró que respeta mucho a las religiones! - ¡Su mamá es super cristiana/católica, él se crio en ese ambiente! - ¡Dicen que después de su accidente se acercó mucho más a la religión! - Se nota que está pasando por un proceso de conversión espiritual ¡- ¡En su biografía de Instagram dice que todo es por la gracia de Dios! - ¡Mira, tiene un tatuaje de una cruz/un versículo! - "Esa canción no es romántica, ¡en realidad le está cantando al Señor! - ¡Subió una historia leyendo la Biblia! - ¡Fíjate en la letra, usa muchas metáforas bíblicas! - ¡Se alejó de la industria un tiempo para reencontrarse con su espiritualidad! - ¡A pesar de la fama, se ve que mantiene sus valores! - ¡Viene de una familia muy creyente, su papá es pastor! - ¡Se crio cantando en el coro de la iglesia, de ahí viene su talento! - ¡Sus hijos tienen nombres bíblicos, eso dice mucho!

Esta lista parece interminable y alimenta constantes debates de sobremesa, charlas de pasillo, foros, conversatorios e incluso debates dentro de las iglesias. Sin embargo, todas estas expresiones persiguen un único fin: justificar la simpatía o atracción por una figura pública o persona que, aunque sea de nuestro agrado, sabemos claramente que no comparte nuestra identidad en Cristo.

Los padres de Helen están preocupados por su amistad con un chico que conoció en su círculo social. Su instinto protector les hace pensar que el joven no es una buena influencia para ella. Sin embargo, al momento de abordarla para intentar hacerla entrar en razón, ella se defiende diciendo:

—Él me dijo que su mamá es cristiana y que creció en la iglesia, pero que ahora, por temas personales, vive su fe desde la distancia. ¿Se dan cuenta? Él no es malo; se parece a nosotros, le gusta el evangelio, solo que no va a la iglesia.

El pastor convoca a una reunión con el ministerio de alabanza para analizar las letras de algunas canciones que se están entonando en las reuniones. Su discernimiento le advierte que algo no marcha bien y quiere prevenir cualquier desviación doctrinal. Ante este llamado de atención, uno de los músicos intenta defender al grupo y convencer al pastor de que no hay ningún peligro:

—Pastor, aunque estas canciones no mencionan directamente a Dios ni a Jesús, y no tienen un tono tan religioso, sus letras son una analogía de las enseñanzas bíblicas. Además, usándolas podemos atraer a más personas a la iglesia, especialmente a los jóvenes que se sienten incómodos con la religión tradicional.

Este tipo de conversaciones son más frecuentes de lo que imaginamos. Una y otra vez, ya sea por descuido o a sabiendas del peligro, muchas personas anteponen un sentimiento o una emoción pasajera a las consecuencias reales en sus vidas. Actúan como Caperucita Roja frente al lobo: creyendo que la extraña apariencia de su interlocutor era solo para conocerla mejor y terminó atrapada en su vientre.

Las primeras páginas de la Biblia nos advierten sobre el origen de esta malévola práctica: Un comportamiento engañoso que logró sus objetivos de la manera más simple posible. Sin forzar ni presionar en lo más mínimo, y en medio de una conversación cargada de preguntas sugestivas, la verdad fue desplazada poco a poco hasta el punto que Eva cayó presa del engaño y Adán claudicó en su asignación protectora.

La escena está relatada en los capítulos 3 y 4 de Génesis. Los dos primeros capítulos muestran cómo Dios le entrega a Adán, como cabeza del liderazgo, las instrucciones sobre cómo debía comportarse. Por las respuestas de Eva a la serpiente en el capítulo 3, es evidente que ella había recibido esas instrucciones de parte de Adán, de modo que para ambos el mandato divino era suficientemente claro.

Entonces aparece la serpiente, quizá con una apariencia de inocencia; a fin de cuentas, Satanás es el padre de la mentira (Jn 8:44).

Eva no vio nada de malo en la serpiente; Confiadamente entró en una conversación que, de su parte, fue ingenua. Para ella, era una charla amena y sincera, pero cargada de maldad por parte de la serpiente. Si tuviéramos la oportunidad de entrevistar a Eva, habría dado la misma respuesta que algunos cristianos hoy: “¡Pero él mencionó a Dios! ¡Él conoce los mandatos de Dios! ¡Él desea que yo sea como Dios! ¡Él ve las cosas desde otro punto de vista!” Así, para Eva, ese momento no tenía nada de malo. Sus sentidos fueron manipulados para hacerla caer. Todo comenzó por los oídos: permitió que a su corazón entraran ideas sugestivas que seguramente hicieron claudicar sus principios. Después, su visión fue tergiversada; comenzó a ver que lo prohibido realmente no era tan dañino, tanto así que lo vio agradable y atractivo al paladar. En ese momento, el deseo ya se había convertido en placer, lo que precisamente produce el pecado.

Así es: el pecado, en muchas ocasiones, es malo, pero no es feo y es placentero. Poco a poco, Eva fue cediendo terreno hasta que finalmente cayó en la tentación e invito a su pareja.

Adán no es ajeno a esta situación. ¿Dónde estaba él mientras su esposa era asediada por el mal? ¿Por qué no estuvo allí para defenderla? ¿Por qué razón no evitó que ella desobedeciera el mandato de Dios?

Ahora encontramos en Adán otro tipo de creyente contemporaneo: él no hizo absolutamente nada. Se quedó impávido, fue permisivo. El silencio de Adán es muy preocupante. Muchos cristianos hoy son “Adanes contemporáneos”: ven el peligro y no huyen, no escapan por su vida, sino que actúan como Sansón: juegan con el pecado corriendo el peligro de quedar ciegos y dando vueltas en su miseria sin cumplir el propósito de Dios para sus vidas.

El cobrador de impuestos del primer Siglo, Mateo, después apóstol de Cristo, en Mateo 7:16, Citó una frase super impactante: “Por sus frutos los conoceréis”. Este es un principio bíblico que cada creyente debería aplicar en medio de cualquier relación, examinar no sus palabras, sino probar su estilo de vida, uno que sea no parecido sino conforme a los estándares divinos.

Una relación —ya sea de amistad o sentimental— que no aporte, guíe, conduzca y acompañe en el crecimiento y la madurez espiritual, simplemente es una serpiente infiltrada que busca la caída del incauto. En este punto, el cristiano debe tener algo claro: el pecado no siempre es feo, no siempre se presenta como malévolo ni dañino; más bien, por lo general, se muestra ingenuo, generador de placeres y deleites. Solo después de probarlo se experimenta la tristeza.

En cambio, la fidelidad y la santidad producen en la vida del creyente frutos apacibles y llenos de vida.

¿Qué tipo de expresiones vas a usar?


Josué D. Aya

Ps. CRC Kennedy

#ElPasDanny


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