Cuando hablamos de fracturas al interior del ministerio pastoral, rápidamente las asociamos a faltas inmorales como la fornicación, el adulterio, y todos los pecados relacionados. Por otro lado, también se asocia al tema financiero, aludiendo a fallas graves en la administración de los recursos, desvío y malversación de fondos, e incluso al mismo hurto.
Resulta inquietante descubrir que la integridad externa no lo es todo; hay líderes con una conducta ministerial y financiera ejemplar que, sin embargo, albergan faltas devastadoras al interior de su hogar.
¿Qué fisuras son estas que, a pesar de su sutileza, logran herir tan profundamente al cuerpo de Cristo?
Antes de profundizar en nuestro asunto, detengámonos a reflexionar: Qué impulsa a un líder religioso a caer en estos abismos, a menudo sin percibir el daño devastador que causa tanto en la intimidad de su hogar como en el seno de su congregación.
Las películas Not Okay (2022), Ingrid Goes West (2017) y Nerve (2016) nos sirven como referentes. Es común encontrar líderes religiosos que, en el ámbito ministerial, se comportan de manera similar a como muchas personas gestionan sus contenidos en redes sociales. Un ejemplo evidente es la aparente vida perfecta que muestran algunos influencers, mientras que en su vida privada mantienen una existencia marcada por la incoherencia.
Lamentablemente, es común encontrar ministros que viven bajo una apariencia ministerial. Desde el púlpito o a través de las redes sociales, proyectan ser hombres que manejan con corrección y fundamento bíblico asuntos de gran importancia. Sin embargo, la realidad que se esconde tras los muros de su hogar suele ser totalmente contraria.
En esta ocasión deseo abordar dos aspectos que, a mi parecer, son de suma importancia. No son los únicos ni necesariamente los más delicados, pero estoy convencido de que generan un enorme daño en la vida de los propios ministros, en sus hogares y en sus congregaciones.
Ahora bien, un ministro puede sostener durante toda su vida familiar y ministerial estas prácticas sin que nadie fuera de su círculo lo perciba. Sin embargo, las grietas que se generan en su hogar pueden resultar gravemente perjudiciales para la salud emocional de su familia. Asimismo, existen numerosos casos en los que el conyugue y los hijos no logran soportar esta situación, convirtiéndose en hogares fragmentados que, en ocasiones, terminan completamente destrozados.
Si usted reconoce que estos casos forman parte de su comportamiento ministerial y familiar, vale la pena detenerse a reflexionar. Se requiere suficiente humildad para admitirlo y el valor necesario para emprender un verdadero cambio.
En primer lugar, encontramos una visión aguda para detectar el pecado en las ovejas, pero una marcada indiferencia hacia la humanidad de la propia familia. Esta primera fractrura ministerial caracteriza a aquellos ministros que poseen facilidad para señalar, denunciar y corregir el pecado dentro de su congregación, pero permanecen completamente ciegos ante el pecado que se manifiesta en su propio hogar.
Es importante aclarar que esto no aplica cuando algún integrante de la familia comete pecados ocultos sin que el ministro lo perciba; la situación es absolutamente distinta cuando el ministro es consciente de tales pecados y, aun así, no aplica los mismos correctivos que impondría a cualquier miembro de la iglesia. En algumas oportunidades se es compasivo, permisivo y tolerante frente a los comportamientos inadecuados de sus hijos, pero fuerte y determnante frente a los pecados de los integrantes de su congregación. Este timpo de comportamiento denota un desbalance muy marcado, que sin duda alguna traerá funestas consecuencias personales, familiares y congregacionales.
Un ejemplo de esta realidad lo encontramos en las Escrituras:
• Elí y sus hijos (1 Samuel 2:12-36) Quienes vivieron en impiedad mientras su padre, sacerdote de Israel, no ejerció disciplina firme.
• Samuel y sus hijos (1 Samuel 8:1-5) Que se desviaron hacia la corrupción y los sobornos, debilitando el legado de su ministerio.
En segundo lugar, encontramos la actitud de estar siempre dispuesto a restaurar al caído en la iglesia, mientras se permanece ciego y sordo a las necesidades del hogar. Este segunda fractura pastoral no es menos grave que el anterior. Se trata de aquellos ministros que dedican gran parte de su tiempo y esfuerzo a buscar y atender a las ovejas fracturadas y heridas, ya sea por su desobediencia o por circunstancias ajenas a su voluntad. Sin embargo, no muestran la misma determinación para estar presentes en las diversas necesidades que enfrentan los miembros de su propia familia.
Son ministros que, aunque visiblemente entregados al cuidado de los de afuera, se muestran indiferentes al dolor de quienes más deberían cuidar: su esposa y sus hijos.
Un ejemplo de esta realidad lo encontramos en las Escrituras:
• David (2 Samuel 13–15), David fue un rey conforme al corazón de Dios, muy entregado al liderazgo de la nación. Sin embargo, mostró pasividad frente a los conflictos en su propia familia: no corrigió a Amnón tras la violación de Tamar, ni supo manejar la rebelión de Absalón.
¿Qué podemos extraer de esta reflxión?
El primer ministerio de un ministro es su hogar. La primera congregación que un ministro debe atender, cuidar, restaurar y acompañar es su propia familia. Esta es la iglesia a la que debe dedicar todo el tiempo necesario y la mayor determinación posible.
La iglesia que un ministro pastorea no le pertenece a él; es una grey que le ha sido encomendada para alimentar y cuidar. Esa grey pertenece al Señor, y es Él quien, en su perfecto amor, cumplirá su propósito en cada oveja conforme a su voluntad soberana.
Como lo expresa @ElPastorCaballero, "Nosotros somos los perros de Dios", Él, es el Pastor, nosotros, solo ayudamos. No pretendamos resolver todos las dificultades de nuestras ovejas, jamas lo lograremos, hemos sido llamados a atenderlas si, de la mejor manera posible, pero nunca, a costillas del bienestar de nuestra familia.
Sabiamente el Apóstol Pablo aconsejando al Joven pastor Timoteo le expresó: "Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo." 1 Tim 3:4-6
Pastor, dedíque el tiempo necesario al ministerio, sea esforzado, valiente. humilde, sencillo, lo suficientemente amoroso para restaurar vidas, pero por sobre todas las cosas recuerde que sus primeras ovejas están dentro de las peredes de su hogar.
Un ministro debe tener una visión equilibrada: discernir el pecado en la vida de las ovejas, pero también reconocer y atender la humanidad de su propia familia. Así como está siempre dispuesto a restaurar al caído en la iglesia, también debe mantener abiertos los ojos y oídos a las necesidades de su hogar. El verdadero pastor no descuida a los suyos, sino que los acompaña, los fortalece y los cuida con la misma entrega que dedica a la congregación.
Josué Daniel Aya
#ElPasDanny
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