Robert Johnson, conocido como el “Rey del Blues”; Fausto, protagonista de una célebre obra de Goethe; Niccolò Paganini, virtuoso del violín; y Giuseppe Tartini, compositor de la famosa sonata El Trino del Diablo, son solo algunos nombres dentro de una extensa lista de personajes de quienes se dice que vendieron su alma al diablo.
En el lenguaje coloquial, la expresión “vender el alma al diablo” se entiende como el acto de ceder los propios derechos y el destino eterno a Satanás, a cambio de beneficios terrenales como fama, poder, riquezas o gloria pasajera.De acuerdo con el análisis de Google Ngram Viewer —una herramienta que permite medir la frecuencia de uso de palabras y frases en millones de libros digitalizados a lo largo de los siglos—, la expresión “vender el alma al diablo” alcanzó su mayor auge en el siglo XX, especialmente hacia el año 2000, aunque su origen histórico es mucho más antiguo.
Ahora bien, ¿Qué tan cierto puede llegar a ser que una persona le venda su alma al Diablo? ¿Qué implicaciones tiene esta frase? ¿Dice la Biblia algo al respecto?
En el imaginario de muchas personas persiste la equivocada idea de que Dios y el diablo son dos seres con los mismos poderes y autoridad. Un ejemplo de ello es la creencia de que ambos poseen la capacidad de crear. Sin embargo, la Biblia enseña que en el universo solo existe un único Creador (Isaías 44:24) y que el diablo, es una criatura creada (Ezequiel 28:13-15; Colosenses 1:16).
A pesar de que la creencia de vender el alma es muy popular en el folclore, la literatura y la cultura popular, no tiene fundamento doctrinal. Aquí te explico los principales argumentos teológicos:
1. El alma no es propiedad del ser humano.
Según el testimonio de la Escritura, Dios es el creador y dueño del alma, no el hombre. En Job 33:4 leemos: “El Señor es quien da la vida”. También en Jeremías 1:5 se afirma: “Antes de formarte en el vientre te conocía”. Quizás el pasaje más contundente sea Isaías 44:24, donde dice: “Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo”. Podemos afirmar también según Gn 1:27-28 que Dios ha creado al ser humano como un administrador de todo lo entregado, incluyendo su propia vida.
2. El Diablo no tiene autoridad para comprar almas.
La Biblia enseña claramente que Satanás es un ser poderoso (Jn 12:31; 2 Co 4:4) y que posee una gran capacidad de engaño (Jn 8:44). Su principal arma es la tentación (Mt 4:3; 1 Ts 3:5; St 1:13–14). Sin embargo, todas estas características no lo convierten en dueño ni comprador de las almas. Su acción se limita a tentar e influir, buscando que el ser humano caiga en sus maquinaciones, pero sin poder legítimo para poseer el alma humana. – En al panorama Biblico hay dos aspectos muy interesantes que analizar, el ser humano quedó cautivo (2 Tm 2:25-26) y esclavizado al pecado (Jn 8:34; Rm 6:16; 6:20) por la acción voluntaria del pecado, pero estó no implica una propiedad vitalicia, ni mucho menos una compra, por el contrario el consepto de compra esta enfocado en la obra expiatoria de Cristo. (Hc 20:28; 1 Cor 6:20; 1 Pr 1:18-19; Ap 5:9) – El contexto de la compra, esta enmarcado analogicamente en la compra y venta de esclavos de la antiguiedad. Cristo, no le compra las almas al Diablo, sino que paga ante el Juez supremo la libertad de los pecadores. (Col 1:13-14; 1 Pd 1:18-19; Gl 1:4; Hb 2:14-15)
3. ¿Puede le ser humano vender su alma?
No es imposible vender el alma, porque Satanás no tiene la capacidad de comprarla. El alma del ser humano no es un objeto de comercialización. Lo que sí puede ocurrir es un engaño diabólico: Satanás puede hacerle creer a una persona que está recibiendo beneficios terrenales “otorgados” por él.
La Biblia enseña que el alma le pertenece a Dios (Ezequiel 18:4). Sin embargo, el ser humano ha tomado la decisión de elegir un destino distinto al que Dios propone; en otras palabras, la humanidad se ha rebelado contra la autoridad divina, aunque nunca ha dejado de ser propiedad de Dios.
Satanás no puede, no tiene la facultad, el poder ni la autoridad para comprar almas. Este concepto carece por completo de fundamento en la enseñanza bíblica.
4. Ignorancia, mente cauterizada, e inconciencia de la eternidad.
El desconocimiento de las verdades bíblicas (Oseas 4:6) y la incapacidad de asimilarlas (1 Timoteo 4:2) llevan a muchas personas a realizar “pactos ocultos”. Sin embargo, cuando la verdad bíblica acerca de la condenación eterna es revelada por la luz de la Palabra, estos mitos pierden todo valor. De manera indiscutible, una consecuencia de recibir esa luz es caminar hacia la eternidad con Cristo, dando la espalda a tales planteamientos engañosos.
La Biblia nos enseña enfáticamente que Cristo, mediante su obra perfecta, completa y suficiente en la cruz del Calvario, entregó su propia vida para redimir al pecador de su estado de condenación eterna.
Con su sacrificio compró nuestra libertad y nos trasladó del reino de las tinieblas al reino de su luz admirable.
Hoy podemos proclamar con absoluta certeza y alegría: “Cristo es mi dueño; pagó por mí, me ha comprado, soy su criatura. Él es mi Señor y mi Salvador.”
Josué D. Aya
Ps. CRC Kennedy
#ElPasDanny
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