Ir al contenido principal

¿Por qué nos cuesta soltar esta vida? - Una mirada al ahora y al más allá.

Es curioso observar cómo nos aferramos con tanta intensidad a esta vida, haciendo enormes esfuerzos por prolongarla, por ejemplo, cuando un ser querido de avanzada edad está por partir, nos resistimos a aceptarlo, ignorando voluntariamente que la muerte es una realidad ineludible. 


¡Muchos pretenden vivir para no morir!

aferrados a esta vida temporal pasamos años acumulando logros, objetos y experiencias; Nuestra vida se convierte en un museo de triunfos, derrotas, alegrías y fracasos. Cada uno atesora lo suyo como joyas incalculables, aunque solo valiosas para el coleccionista. El apego a esta vida pasajera suele medirse por lo que logramos construir, asegurar y exhibir.

Llegamos a convencernos de que somos importantes por el vehículo que conducimos, la marca del dispositivo que usamos, la ropa que vestimos, el barrio en el que vivimos, el título que obtuvimos o la institución de la que egresamos, llegando a considerar que esto es el todo del ser humano. Esta falacia social nos puede llevar al otro lado de la orilla, pensar que quien no alcanza estos estándares de vida es una persona frustrada, sin suerte, y lamentablemente en algunos casos personas caen en algún tipo de violencia a causa de su resentimiento social.

Quien así piensa, no ha considerado las palabras del sabio Salomón, quien dijo: 

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” Eclesiastés 3:11

No comprender la eternidad, tal como la revela la Escritura, nos lleva a sobrevalorar lo perecedero. Pero cuando el creyente contempla al Dios eterno, la gloria venidera y el destino final del alma, descubre que esta vida no es un fin en sí misma, sino un espacio de preparación y fidelidad.

Dimensionar la eternidad transforma la vida así:

Redefine nuestras prioridades: El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18

Subordina nuestros deseos a la voluntad de Dios: El salmista dirigido por el Espíritu Santo, expresó: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” Salmo 90:12

Reorienta nuestras obras hacia la recompensa eterna: A la iglesia de Corinto Pablo, les escribe: “La obra de cada uno se hará manifiesta… el fuego la probará… Si permaneciere la obra… recibirá recompensa.” 1 Corintios 3:12–15

La estadía en esta tierra es breve. Dios puso eternidad en el corazón humano, pero por causa de la desobediencia en el Edén, nuestro ser trascenderá a un más allá: una eternidad de paz o, por el contrario, una eternidad de angustia.

Nuestra vida terrenal, con sus retos, logros y placeres, es pasajera. Vivimos aquí para glorificar a Dios con lo que somos y hacemos. Por eso, vive con pasión, pero con conciencia. Salomón dijo: “Alégrate, joven, en tu juventud… sigue los impulsos de tu corazón… pero sabe que por todas estas cosas, Dios te traerá a juicio.” Eclesiastés 11:9

La eternidad no es solo una doctrina futura. Es una verdad que moldea cómo vivimos, decidimos y servimos hoy.

Quien entiende la eternidad, vive en la tierra con los ojos puestos en el cielo.


Josué D. Aya

Ps. CRC Kennedy

#ElPasDanny

Gracias por tomarte unos minutos y llegar hasta aquí, si este contenido te ha bendecido deja un comentario y compártelo.

Comentarios