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EL SUFRIMIENTO DEL CRISTIANO


El sufrimiento del creyente, una realidad inevitable. ¿Por qué sufre? La respuesta se encuentra en la naturaleza misma de la fe. El creyente sufre porque ama a Dios y, por lo tanto, es objeto de persecución y menosprecio. Esto no es más que una manifestación del odio del mundo hacia Dios y, por extensión, hacia aquellos que lo representan.

También enfrenta sufrimiento porque su comprensión del pecado y la naturaleza humana contradicen los valores prevalentes de la cultura. el hijo de Dios vive en un mundo al que no pertenece, un mundo incapaz de discernir el pecado en su propia existencia. La indiferencia del mundo ante este problema, tan doloroso como catastrófico, lo está llevando inevitablemente hacia la destrucción. Sin embargo, la ceguera espiritual del mundo y su separación de Dios lo mantiene ajeno a esta trascendental verdad. Esta situación en el hijo de Dios produce un tipo de sufrimiento misericordioso por aquellos que no perciben su verdadero problema espiritual. 

Paradójicamente, el creyente experimenta una mezcla de gozo y sufrimiento. En Gálatas 5 se menciona el gozo como parte del fruto del Espíritu, un resultado del amor de Dios derramado en aquellos que han venido a Cristo mediante la fe y el arrepentimiento (Rm 5:5). Este gozo también surge de las verdades del evangelio hechas efectivas en su vida: la libertad, el perdón, la justificación, la redención, la sustitución y todas las demás obras de la cruz. Estas verdades son el combustible que sustenta un gozo constante y profundo, incluso en medio de las dificultades.

Ahora bien, la luz recibida a través del evangelio (Rm 5:8-17) actúa como un escáner espiritual. El hijo de Dios, al recibir este don sobrenatural, desarrolla una capacidad espiritual que le permite ver, comprender e interpretar las intenciones y comportamientos del mundo desde una perspectiva espiritual. Por medio del Espíritu, puede discernir la condición de aquellos que no han venido a la luz de Cristo y que viven en absoluta oscuridad. Sus ojos permanecen cerrados al pecado y al reino de las tinieblas; caminan tropezando en este mundo depravado, creyendo ilusoriamente que tienen la habilidad de escapar del mal. Aún más trágico, confían ciega e ingenuamente en que esta oscuridad no les afectará.

La obra del Espíritu de Dios ha otorgado al hijo de Dios una visión espiritual clara, una perspectiva "20/20", que le permite discernir cómo el pecado mantiene atadas y esclavizadas a las vidas humanas (1 Jn 3:8). Estas almas permanecen aún cautivas por el enemigo (2 Tm 2:26; 2 Pd 2:19; Ef 4:18; 11-16). Este triste panorama despierta en el hijo de Dios un profundo sufrimiento por aquellos que ama. Sin embargo, este no es un dolor lastimero ni derrotista, sino un sufrimiento impregnado de misericordia. Es una compasión que lo impulsa a llevar el mensaje de salvación, anhelando que estas vidas encuentren a Dios a través de la fe y el arrepentimiento.

Si has experimentado la obra redentora de Cristo, seguramente has comenzado a discernir las actitudes y comportamientos pecaminosos de quienes te rodean. Este despertar espiritual debería impulsarte a proclamar y compartir el glorioso y poderoso mensaje de salvación. Según 1 Pedro 2:9, ahora en Cristo disfrutamos de privilegios extraordinarios, privilegios que el propio Cristo desea que comuniquemos a aquellos que aún no han sido alcanzados. En Él, tú y yo tenemos el enorme honor de "anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable."


#ElPasDanny

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